Guerreros sin armas


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Guerreros sin armas

Reporteado por: Cristóbal Heiss En categoría: Actualidad

Viven comprometidos con la lucha de sus hermanos sureños pero no se manifiestan por medio de enfrentamientos armados sino que por la cultura. A miles de kilómetros de los conflictos por los que su pueblo es acusado, dos agrupaciones juveniles indígenas revelan cómo se vive la causa mapuche en la Región Metropolitana.

Ilustración: Osvaldo Montero

Ilustración: Osvaldo Montero

El ruido de una trutruca retumba en los aires. Jóvenes mapuches armados con boleadoras se enfrentan a un nutrido contingente policial que avanza con escudos y lumas. Se escuchan gritos y llantos. El escenario es confuso; la lucha, fiera. Aunque esta escena se volvió recurrente en la IX Región, la batalla de este pueblo originario también existe en la capital. Las organizaciones mapuches radicadas en Santiago luchan con el mismo ímpetu, pero con más ideas que golpes.

Ser mapuche en Santiago
Pareciera que los mapuches sólo existen en la Araucanía, pero según el CENSO 2002, del total de 604.343 que habitan en Chile, en Santiago vive casi un tercio. Una cifra que cobra fuerza si consideramos que en los canales de televisión y diarios de cobertura nacional se habla constantemente de comuneros mapuches heridos y de terrenos del sur tomados, como si todo lo relacionado con esta etnia sólo sucediera allá. No se sabe, sin embargo, qué piensan los dirigentes de este pueblo indígena en otras ciudades del país ni cómo han vivido desde la distancia la lucha que su pueblo ha mantenido históricamente con el Gobierno de Chile.

Manuel Calfiu (27), dirigente de la organización autónoma Meli Wixan Mapu, lucha a diario desde Santiago por las mismas razones que el resto de los mapuches: la restitución de las tierras que milenariamente, dicen, les han pertenecido, el respeto a los derechos humanos y colectivos, la autonomía y, como finalidad última, la autodeterminación, vale decir, que ellos como pueblo indígena se encarguen de sus conflictos y problemas. La diferencia que tiene Manuel y los otros 19 integrantes de su agrupación con sus hermanos sureños es que, por diversas razones, han debido migrar a Santiago. No son los únicos porque, aunque no se tenga la cuenta exacta, son cerca de seis las agrupaciones mapuches ya establecidas en Santiago. Ellos, al igual que gran parte de los santiaguinos, toman el Transantiago y el metro y conocen La Moneda.

Manuel Calfiu. Foto: Cristóbal Heiss

Manuel Calfiu. Foto: Cristóbal Heiss

“Mis padres se fueron del sur no por elección propia. Ellos migraron producto del despojo del territorio durante la invasión militar en el proceso de pacificación”, cuenta. Luego, reflexiona y agrega: “Es como un exilio, ¿entiendes?”. Para ellos, la desventaja de estar lejos es también aprovechada: “Santiago es una excelente plataforma, porque es un escenario que nos sirve para manifestar nuestras demandas”, asegura refiriéndose a la concentración de medios de comunicación que hay en la Región Metropolitana.

La CAM y las formas de lucha

Aún cuando Manuel asegura que la política de hoy es “de oídos sordos y gatillos fáciles” y que la dictadura militar aún no ha acabado, el seguir el llamado a las armas que realizó la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) contra el Estado de Chile el pasado 20 de octubre, está lejos de ser acatado. Manuel comprende la rabia y frustración de la CAM, pero asegura que hace algún tiempo atrás ellos, como organización autónoma, dejaron de tenerlos como referentes. No por ello son indiferentes a sus determinaciones. “Es más lo que nos une, que lo que nos separa”, dice.

Meli Wixan Mapu tiene su propia forma de lucha. Haciendo ciclos de cine mapuche y cursos de mapudungún pretenden acercar su cultura a la gente, ya que creen que el principal motivo de la discriminación que existe contra ellos, es la ignorancia que los ciudadanos chilenos tienen respecto a sus costumbres. Tienen la certeza de que es ahí donde hay que trabajar.

Además, convocan a medios de prensa y ciudadanos comunes y corrientes a sus actividades por medio de sus páginas web, tal como lo hicieron el pasado 12 de octubre en Plaza Italia, para manifestar el rechazo al “Día de la raza”, cita a la que llegaron cientos de personas. “Decir que el movimiento mapuche es armado es un error, porque es un movimiento social y de masas”, afirma Manuel.

Manifestación desde un micrófono

Wechekeche

Logo de Wechekeche

“Con sus balas, metralletas, esta lucha es desigual. Esos cobardes asesinos nos disparan a matar”, dice un extracto del rap dedicado al universitario mapuche Matías Catrileo fallecido en 2008 tras un enfrentamiento con Carabineros, mientras participaba en una toma de un fundo. Los autores de la canción se llaman Wechekeche ñi trawün y son un grupo de jóvenes mapuches que vive en Santiago y que, por medio de ritmos y letras contagiosas, buscan ampliar la conciencia de los chilenos para que entiendan la causa mapuche.

“Buscamos informar con música, llamar a la juventud para que se reconozca como mapuche y que se dé cuenta de la realidad que vive su pueblo”, dice Gloria Pulkillanka (21), integrante de Wechekeche, haciendo un llamado a que todos quienes tengan sangre mapuche, la reconozcan. “Antes éramos flojos, después alcohólicos y ahora nos llaman terroristas. Nos estigmatizan para justificar los robos”, dice aludiendo al trato que reciben de los medios de prensa nacionales. Por medio de tocatas y venta de discos, este grupo de música mapuche difunde su mensaje para que la gente conozca qué pasa en el sur de Chile con su pueblo y se entere de aquello que no aparece en ninguna parte publicado.

Con respecto a la lucha que sostiene la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) en Temuco, aún cuando el grupo musical de Gloria no tiene relación directa con ella, según la cantante, “la lucha es la misma y somos hermanos”. Pero Gloria no comparte la idea de ocupar las armas para hacerse escuchar. “Nuestro medio es la música, en el sur la lucha es más confrontacional”, explica.

De todas formas, su grupo apoya a los mapuches que viven y se manifiestan en el sur. Actualmente Wechekeche prepara una tocata musical con la que pretenden reunir alimentos no perecibles que cobrarán para costear parte de la entrada. Lo que alcancen a juntar irá en auxilio de las familias y comunidades de la IX Región que se encuentran viviendo en precarias condiciones económicas. Con todo esto, Wechekeche demuestra que no hay una si no varias formas de combatir. Es que tal como dice una de sus canciones “para un mapuche la única derrota es no seguir luchando”.

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