Conflicto Mapuche


toma-1Uno de los principales problemas del denominado “conflicto mapuche”, radica en la permanente negación de la alteridad mapuche desde el imaginario social y el discurso público tanto a nivel  estatal, como ciudadano. Mientras esta ausencia permanezca, la posibilidad de diálogo se verá sino imposibilitada, al menos afectada grandemente y el desarrollo de políticas públicas estará condenado indefectiblemente al fracaso.


Múltiples han sido los comentarios y comentaristas que han aparecido a propósito del conflicto de tierras. Al hacer una síntesis, los lugares comunes son la  coincidencia, por parte de los comentaristas, en los diagnósticos y los llamados a abordar de una manera distinta la política pública hacia los pueblos indígenas, y por parte de los comentaristas, la idea de que el Gobierno no ha sabido reaccionar de una manera enérgica y categórica, poniendo en riesgo el “estado de derecho” en la región de la Araucanía.


Aun cuando las opiniones no son uniformes, pareciera ser, -al menos en opinión de los comentaristas más conservadores-, que la política de tierras del gobierno ha sido mal diseñada y que los problemas indígenas no se superarán sino a través de incentivos y programas de acompañamiento a la producción y explotación agrícola y a las mejoras educacionales y de infraestructura general.


Más allá de los criterios técnicos de las sugerencias, me llama profundamente la atención la ausencia absoluta del principal protagonista de tantas páginas de diarios e internet, no he encontrado comentario alguno realizado por profesionales o intelectuales del mundo mapuche. Se habla libremente en nombre y a nombre de un otro que no alcanza a ser develado, ni revelado por el lenguaje de los opinantes, mayoritariamente lejanos al mundo indígena.


Desde la perspectiva no indígena, la lógica que hay tras la recuperación de tierras es simplemente inentendible. Se lee con frecuencia gruesas críticas a la no productividad de las tierras indígenas, desconociendo aspectos básicos de la cultura y cosmovisión mapuche. 

 

Más allá de los conceptos antropológicos a los cuales se recurre cuando se quiere hablar de pueblos indígenas, la sociedad chilena debe evolucionar e incorporar los conceptos y miradas que priman internacionalmente en cuanto a pueblos indígenas y estas miradas tienen que ver con el enfoque de derechos en las políticas públicas.

 

Este enfoque implica considerar a los pueblos indígenas como sujetos de derecho y sujetos que tienen derechos, tanto de forma individual, como colectivos. Es decir, en este caso, no podemos hablar de un problema focalizado de unos cuantos mapuche, estamos hablando de un Pueblo, que está luchando por sus derechos territoriales, reconocidos a nivel mundial por la ONU y la OIT.

 

Reducir el problema mapuche a un par de comunidades en conflicto o negar el derecho territorial de los pueblos indígenas es sólo un indicador de las serias deficiencias de análisis de los policy makers y comentaristas chilenos.

 

El concepto de territorio no tiene que ver, necesariamente, con hectáreas de tierra el concepto de territorialidad es fundamental en la definición y existencia de los pueblos indígenas de todo el mundo, no existe un pueblo sin territorio y no existe territorio basado en la propiedad privada. En particular el pueblo mapuche funda su cosmovisión en la tenencia colectiva de la tierra, que está profundamente ligada a las raíces espirituales de cada Lof o grupo familiar. 

 

La tierra no pertenece a un grupo en particular, y aún cuando muchos de los mapuche sean ahora urbanos (porque fueron obligados a emigrar dadas las condiciones paupérrimas a las que fueron condenados), el tema del territorio es básico en la mantención de su pueblo y cultura. 

 

Entonces, mientras no comprendamos, y más que comprender, mientras la sociedad chilena no respete los conceptos fundamentales del pueblo mapuche, el diálogo será sólo un intercambio de sordos, cuando yo digo negro, usted escucha rojo. Mientras los chilenos sigan pensando el mundo indígena como algo folclórico, veo muy difícil que avancemos en la construcción de puentes de entendimiento y relaciones de cooperación.

 

Este reconocimiento pasa por dejar de lado la soberbia y el paternalismo asistencialista y pasa por superar la estrechez insular que nos carcome constantemente.

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